EL DESTILADOR by Enric Lladó

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Hace ya un tiempo tuve la oportunidad de estar conversando con Itamar acerca de la profesión, de lo bonito y de lo no tan bonito, de las alegrías y de las penas del consultor.

Movido por la intuición que le caracteriza, me empezó a contar, como quien no quiere la cosa, una metáfora.

 

 

Me empezó a hablar de una máquina de destilar. Me dijo algo así como que las máquinas de destilar el agua, extraen agua pura del agua sucia. El agua pura sale por un lado y la “caca” sale por el otro lado.

Pero que incluso las mejores máquinas, las que funcionan mejor, siempre se quedan con un poco de porquería dentro, que poco a poco se va acumulando. Si se deja que la “caca” se acumule, la máquina pierde rendimiento e incluso puede estropearse. Por ello es necesario que regularmente se abra la máquina para limpiarla y no dejar que se acumule la porquería.

Los consultores somos como esa máquina, me dijo. Continuamente estamos en contacto con la porquería que circula por las organizaciones (que puede ser mucha y muy apestosa) y nos dedicamos a destilarla como buenamente podemos, con los recursos que tenemos.

Tenemos la tecnología, sabemos hacerlo, somos buenos artesanos, pero por muy buenos que seamos, siempre se nos queda algo de mierda dentro.

Y entonces es prudente parar regularmente para “limpiar” nuestras tuberías.

¿Cómo puede hacerse? Pues es fácil. Tan solo hace falta explicar nuestros problemas a otros colegas, dejarnos ayudar por ellos. Buscar el apoyo de otros que puedan estar en las mismas circunstancias. Compartir. Ser escuchados. Escuchar.

No pude contener un lagrimón. Ese día yo estaba muy cargado. Con una sola metáfora lo entendí todo y me descargué de golpe. Insight total.

Una vez más, gracias eternas maestro.

Desde entonces he estado prestando mucha más atención al tema. Me gusta tener cada vez más contacto con cada vez más compañeros de la profesión. No por las sinergias de negocio que puedan surgir, que también acaban surgiendo por supuesto, sino simplemente para hablar, compartir las penas. Ver que lo que me pasa a mí también le pasa a otros. Ver cómo lo gestionan. Mal de muchos, consuelo de tontos. Pero es consuelo, doy fe.

Además cuando puedo compartir me ayuda de algún modo a sentirme acompañado. Nuestra profesión puede ser muy solitaria. Para mí quizás es la parte más complicada de llevar. Muchas veces, incluso estando delante de un buen grupo de personas, en casa del cliente, la sensación de soledad puede llegar a ser intensa. Porque en el fondo, incluso cuando estamos dentro, estamos fuera. Y así debe ser.

Por ello ese contacto con los compañeros y compañeras de profesión es una buena limpieza, un buen “reset”. El efecto es mucho mayor de lo que podría parecer.

De vez en cuando acudo a algún compañero que me hace alguna sesión de consultoría o incluso de coaching. Siempre he salido con las pilas cargadísimas.

En alguna ocasión he invitado a algún colega  para que me acompañara en mis sesiones, para que me diera feedback.

El feedback ha sido valioso, pero todavía más valiosa ha sido la compañía, incluso cuando ha sido una compañía completamente silenciosa.

Y también ha sido especialmente valioso poder compartir al final de la sesión unos pensamientos y unas sensaciones que de otro modo, simplemente se hubieran quedado dentro, en el fondo del destilador.

Así que nada más, ahí lo dejo.

A todos los que me habéis ayudado, muchas gracias.

Y al resto, mantened vuestro destilador limpio compañeros 😉

https://www.enricllado.com/

 

 

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